Corcho Natural - Sostenibilidad y papel del alcornocal

Un amigo para toda la vida

Los bosques de alcornoques, llamados alcornocales, son un pulmón para el medio ambiente, la economía y la sociedad de los países del Mediterráneo. Tiene un papel tan importante para la naturaleza y las personas que están protegidos por la ley. En Portugal, donde existe la mayor área de alcornocal del mundo, el alcornoque es el árbol nacional y está legalmente tutelado desde el s. XIII. Una conciencia creciente del valor del ecosistema del alcornocal ha dado lugar a importantes iniciativas de reforestación y sistematización de buenas prácticas. Una forma de garantizar el futuro, sin olvidar un proverbio del pasado: «Quien se preocupa de sus nietos, planta un alcornoque».

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Al alcornoque más grande y viejo del mundo lo llaman el Silvador. El nombre proviene del sonido que hacen las numerosas aves cantoras que se posan entre sus ramas, a más de 14 m de altura. Aunque se pueda contabilizar su contribución directa a la industria del corcho —es un árbol excepcional—, es imposible calcular a cuántos animales ha albergado, a cuántos ha alimentado con sus bellotas, cuánto ha contribuido a la fertilización e irrigación de los terrenos y hasta qué punto ha ayudado a combatir el calentamiento global.

Al igual que el Silvador en la llanura del Alentejo, otros millones de alcornoques en toda la cuenca del Mediterráneo son la base de una ecología única y frágil que constituye un hábitat para especies raras o en vías de extinción. Y no son solo las más de doscientas especies de animales las que encuentran en el alcornocal las condiciones ideales de supervivencia, por cada mil metros cuadrados, pueden encontrarse 135 especies de plantas, muchas de ellas medicinales, aromáticas o usadas en la cocina.

Estas florestas forman uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad y las ONG de medio ambiente reconocen que son uno de los 35 puntos clave en esta materia a nivel mundial. Se equiparan con paraísos como el Amazonas, los Andes o el Borneo.

Perfectamente adaptados al clima caliente y a la tierra árida, los alcornocales protegen contra la erosión y la consecuente desertificación y son una barrera natural contra los incendios, debido a la débil combustión del corcho, que funciona como la epidermis del alcornoque. Las raíces retienen el agua de la lluvia formando cuencas hidrográficas vitales y extraen los nutrientes de niveles profundos, que más tarde serán devueltos al suelo a través de las hojas, transformándose en abono natural.

Floresta de oportunidades

Hace siglos que los alcornocales son un pilar ambiental, social y económico determinante para la vida de millones de personas en el sur de Europa y en el norte de África —más de cien mil dependen directa e indirectamente de estas florestas, según el WWF (World Wild Fund for Nature). En torno a la cultura del alcornoque gira un conjunto de actividades agronómicas, forestales, silvopastoriles, cinegéticas y económicas, y la industria del corcho, así como la del vino, son el paradigma de ese desarrollo sostenible.

De los 2,3 millones de hectáreas mundiales de alcornocal se extraen cada año casi 340 mil toneladas de corcho, lo que en el mercado de tapones se traduce en cerca de 12 mil millones de unidades. En Portugal, el sector del corcho desempeña un papel especialmente importante. El país es responsable del 55 % de la producción mundial de corcho, exportando cerca del 90 % de la materia prima, en su mayoría transformada. El tapón de corcho es el producto más representativo, siendo responsable del 70 % del valor de esas exportaciones.

La importante contribución del tapón de corcho

El tapón de corcho es el que asegura el mantenimiento del alcornocal y, por consiguiente, la posibilidad de que cientos de poblaciones sigan viviendo y trabajando en zonas áridas y semiáridas. Más de la mitad del corcho extraído se utiliza en la fabricación de tapones de todo tipo y el resto en otras aplicaciones. Así, a industria del corcho y la del vino comparten la misma responsabilidad: no solo mantienen una actividad económica primordial, sino que ayudan a hacer viable el ecosistema del alcornocal.

El uso del corcho mantiene la floresta viva, porque el descorche regular contribuye a que los alcornoques se regeneren de forma natural. Al autorregenerarse, el alcornoque también refuerza otra de sus sorprendentes características: la capacidad de absorber el dióxido de carbono. Un alcornoque descorchado fija, de media, cinco veces más CO2. Se calcula que todos los años los alcornocales retienen hasta 14 millones de toneladas de dióxido de carbono, una aportación notable para la reducción de los gases de efecto invernadero, el origen principal del cambio climático.

Una economía de futuro

La importancia medioambiental y socioeconómica del alcornocal es tan valiosa que varias organizaciones, entre ellas el WWF, el Forest Stewardship Council® (FSC) y la Confederación Europea del Corcho (C. E. Liège), con la participación de Corticeira Amorim, ha desarrollado iniciativas con el objetivo de estimular las buenas prácticas y compensar los a los propietarios agroforestales que contribuyen a mejorar los servicios fundamentales del ecosistema del alcornocal.

Estas florestas son uno de los mejores ejemplos del equilibrio entre la conservación del medio ambiente y el desarrollo sostenible. Y son la base de una economía de futuro, lo que motiva el aumento del área forestada de alcornoque en Portugal. El país, con 716 mil hectáreas de montado, ha desarrollado importantes reforestaciones a un ritmo de diez mil hectáreas al año, es decir, un crecimiento anual del orden del 4 %. Por cada alcornoque viejo se plantan dos alcornoques nuevos. Si todo va bien, cuando lleguen a la edad del Silvador, dentro de más de doscientos años, ellos también habrán hecho su aportación a la vitalidad del ecosistema del planeta. Y con su corcho habrán ayudado a mantener miles de puestos de trabajo, a fijar a las personas a su tierra y a producir millones de tapones.

Para conocer la cultura de sostenibilidad de Corticeira Amorim visite la web www.amorim.com